Dominicana: Radiografía de la artesanía nacional

3.274
El desarrollo de la artesanía dominicana -cuyas hermosas y coloridas obras destacan parte de la idiosincrasia  del pueblo y la historia de cada región- va en aumento.
Gracias a la calidad, colorido y elegancia que exhiben las piezas confeccionadas por hombres y mujeres que dejan plasmado en cada artículo su destreza, sensibilidad y extraordinario talento, la artesanía dominicana ha alcanzado altos niveles de competitividad.
Últimamente, el sector -pese a estar severamente golpeado por la falta de entrenamiento, de financiamiento, de mercadeo, por la dispersión, el aislamiento, la informalidad, la ausencia de una producción regular, altos costos de producción y equipos obsoletos- tiene un comportamiento comercial que supera los 4 millones de dólares.
Observar la artesanía dominicana es dar un viaje maravilloso por todas sus comunidades y su historia, penetrar en el alma de sus nativos y, en efecto, conocer casi a plenitud su gente, sus costumbres y tradiciones; su arte y su cultura.
La artesanía dominicana -a través de la cual se impulsa la cultura, el folklore, la identidad nacional y, por tanto, se aprecia la belleza y el talento criollo- te transporta de manera fascinante al pasado, al presente y al futuro.
A pesar de que la artesanía local -que en su mayoría es decorativa y utilitaria- presenta variadas diferencias de una provincia a otra, la misma constituye una rica expresión artística que conjuga diversos elementos de las culturas indígena, española y africana.
 No obstante, a esas herencias e influencias, el pueblo dominicano ha forjado su propia interpretación de los procesos culturales y ha creado nuevas manifestaciones artesanales. fausto
En principio, las primeras  piezas elaboradas por nuestros artesanos eran de uso domestico; después, entre los siglos XVI y XVII, estos empiezan a labrar imágenes religiosas a las que se rendía culto en los hogares. Fruto del desarrollo de la ganadería, entonces, florece la confección de artículos hechos de cuero, tales como yugos, arados, sogas y otros instrumentos relacionados con el cultivo.
Con la Revolución Industrial empezó la fabricación de vajillas de loza, calderos y recipientes metálicos esmaltados.
El Siglo XIX marca la producción artesanal de árganas, serones, esteras, macutos, aparejos, escobas, aguaderas, sillas, sombreros, hamacas canastas, correas, carteras, sandalias, cofres, maceteros, paneras, fruteras, platos para recipientes calientes, pantallas para lámparas y las canastillas o el “moisés” de los recién nacidos.
En las primeras décadas del siglo XX se incrementa la fabricación de bateas, lebrillos (utilizados por las amas de casa para lavar alimentos y por las marchantas para vender frutas y verduras) y los pilones de madera (para pilar arroz o café); mientras que en la segunda mitad del referido siglo toman un gran auge los diseños y fabricación  de obras artesanales en madera, barro, hueso, cuerno, ámbar, oro y telas.
Como ya hemos dicho, la artesanía dominicana es un abanico de influencias, donde se conjugan las taínas, españolas y africanas.
Los taínos nos aportaron sus creaciones de hamacas, redes de pescar, hilos, cuerdas, paños, naguas, cestas denominadas haras, madera, piedra, algodón, concha, hueso, oro, tejidos, hilados y cestería, para lo cual utilizaban materiales como henequén, maguey, cabuya y bejucos.
De los españoles heredamos artículos utilitarios, entre los que se destacan botijas empleadas para el acarreo del aceite de oliva, las aceitunas, las almendras, la miel, la pólvora y el mercurio, así como  la loza o cerámica vidriada, empleada en usos domésticos.
 Mientras que los africanos nos aportaron signos, símbolos y contenidos; aspectos ligados a lo espiritual, festivo y cultural, destacándose la tambora y otros instrumentos musicales.
Para principios del año 2008, en la República Dominicana se estimaba en algo más de 6,300 la existencia de  artesanos en plena producción, de los cuales el 80% eran hombres y el 20% mujeres. Actualmente, se calcula en más de 10 mil las familias que se ocupan del oficio en el país.
Además, cerca de 32 mil personas participan de esta actividad. Todas tienen estrecha relación con otros medios de producción y más de 40 mil familias reciben ingresos básicos, directa o indirectamente, de esta fuente.
La concentración geográfica de la producción artesanal nacional está ubicada principalmente en las áreas del Cibao Central (41%), Santo Domingo (25%), y la Costa Norte (17%). El 17% restante se ubica en el Suroeste, el Este, Samaná y la Línea Noroeste.
Las provincias donde se presenta la mayor concentración de la producción son Santo Domingo, Puerto Plata, Monseñor Nouel, Espaillat, La Vega, Samaná y Santiago. Sin embargo, pese a que a la región Este es donde arriba la mayor cantidad de turistas al país, un 49%, en la zona apenas se produce el 6.2% de las artesanías.
Lo mejor de la artesanía criolla en sus distintas clasificaciones lo encontramos en cerámica, madera talladas, cestería, joyas de ámbar y larimar, la alfarería, textiles, tejidos, máscaras de carnaval, instrumentos musicales, joyería, bisutería, pintura, santos de palo, higüeros, barro, jícara de coco, piedras, metales, hojalatería, reciclados y otros.
En efecto, las artesanías más populares de la República Dominicana se observan en los santos de palos de Bonao, que consisten en pequeñas esculturas religiosas; la artesanía de origen taino, que son generalmente trabajados en relieve y calados hechas con higüeros; las tinajas de barro rojo y las bellas mariposas artesanales en jícara de coco de Moca.
Además, las caretas del carnaval dominicano en diferentes formas y colores; la Artesanía de Proyección Taína, realizadas con piedras de las canteras dominicanas; el Guacamayo y otras aves y objetos -como cucharas y bateas- talladas en madera y pintadas a mano.
De igual modo, las hermosas bisuterías realizadas en ámbar y larimar; la Cestería con su creatividad consistente en sus cestas, macutos, carteras y sombreros, todos elaborados con fibras de canas y guano, y la Cerámica artesanal con sus souvenirs cerámicos, sus muñecas sin rostros, cotorra verde, palomas, platos para pared y otros.
El larimar (conocido como la bella turquesa dominicana, es una piedra preciosa de color azul y muy preciada en la artesanía dominicana, la cual se extrae de minas en la provincia de Barahona) es incorporado a la joyería nacional a mediados de los años 70. Tiene un colorido y aceptación impresionante.
Mientras que el ámbar dominicano  (que procede de una resina fósil del árbol del género Hymenaea del período geológico terciario y se encuentra entre Santiago y Puerto Plata) está considerado como el más rico y codiciado del mundo.
El mismo tiende a presentarse en numerosos colores brillantes (amarillo, opaco, blanco, rojo, negro, verde, azul, plateado, rosado y púrpura) y es utilizado como excelente materia prima en la elaboración de delicadas, variadas e insuperables figuras decorativas y exquisitos objetos de joyería que reflejan el esplendor y la belleza de la preciosa piedra.
Con el ámbar se confeccionan y comercializan maravillosos pendientes y broches (algunos incrustados en oro y plata), elegantes pulseras y aretes muy finos que son muy preciados en todo el mundo. Otras creaciones consisten en pequeñas esculturas en forma de animalitos como elefantes, peces, tortugas, buhos, ranas o gatos.
En otro orden, es digno resaltar el florecimiento -entre las décadas de los 80 y los 90- de la alfarería, la producción artesanal en barro y en resistente y atractiva cerámica; así como el de las famosas “muñecas sin rostro,” las cuales, por su exuberante técnica y calidad artística, se han convertido en un símbolo nacional, en una marca país.
 En muchas partes del mundo, estas muñecas, también conocidas como de “Lime,” son bien apreciadas y demandadas y se les observa con vestido largo, cargando agua en tinajas, vendiendo frutas o flores, con la cabeza cubierta con un pañuelo o un sombrero
Publicado en AlMomento
También podría gustarte