Guillén, poeta revolucionario

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La voz sonó gruesa, fuerte, segura. Nadie lo anunció, solo se paró en el podio ante los micrófonos y comenzó a desgranar el poema inolvidable. Los miles de asistentes aquella noche del 18 de octubre de 1967 en la Plaza de la Revolución José Martí, en La Habana, guardaron riguroso silencio. Todo lo ocupó la voz de Nicolás Guillén Batista.

No porque hayas caído/ tu luz es menos alta./ Un caballo de fuego/ sostiene tu escultura guerrillera/ entre el viento y las nubes de la Sierra.

No por callado eres silencio./ Y no porque te quemen,/ porque te disimulen bajo tierra,/ porque te escondan en cementerios,/ bosques, páramos,/ van a impedir que te encontremos/ Che Comandante,/amigo.

Cuenta el periodista Víctor Pérez Galdós que desde antes de esa velada solemne dedicada al Comandante Ernesto Che Guevara, asesinado unas jornadas precedentes en La Higuera, en Bolivia, el Poeta Nacional de Cuba, impactado por las noticias sobre la muerte del internacionalista, empezó a escribir el poema.

Haydée Santamaría, presidenta entonces de Casa de las Américas, le sugirió que creara algo relacionado con el Che, a lo cual respondió el poeta: “Haydée, perdóname, pero ya está terminado, le faltará algún verso, alguna estrofa, pero el grueso de la composición sólo necesita un poco de lima”.

Cuando Fidel Castro anunció la realización del acto por la caída del Che, telefoneó a Guillén para solicitarle que declamara el poema.

Tiempo después, el bardo narró: “Naturalmente, le dije que sí. Sin embargo, esto no dejó de causarme una mezcla de orgullo y temor, ya que cualquier incidente, por débil que hubiera sido, podía frustrar o entorpecer una ceremonia que sería tan pura como solemne”.

Entonces Guillén tenía 65 años de edad y demostraba, una vez más, su total respaldo al proceso revolucionario cubano, tanto en lo político como en lo social, causa que había abrazado en la década del ’30 del siglo XX, cuando se identificó con la difícil situación de Cuba y de otros muchos países y sus luchas populares.

Guillén había nacido el 10 de julio de 1902 en la ciudad de Camagüey, 115 años han  transcurrido desde entonces.

Hoy institución cultural, la vivienda natal, en la calle Hermanos Agüero (antes San Ignacio) casi esquina a Goyo Benítez (Príncipe), está a unos pasos del área céntrica de la localidad: la plaza de Los Trabajadores (antes de la Merced), el parque Agramonte (Plaza de Armas en la colonia) y las calles comerciales, de teatros, cines, del Gobierno, y sedes de organizaciones sociales y de profesionales.

En fin, en el corazón de Camagüey, y quizás todo esto influyó en la formación intelectual de Guillén, quien adolescente, además de estudios secundarios, tomó clases nocturnas que le adentraron en los autores del Siglo de Oro español como Quevedo, Góngora, Lope de Vega, Miguel de Cervantes, los neoclásicos y románticos.

Estudiosos de su obra aseguran que esta temprana formación le brinda herramientas para el análisis y el rigor en lo formal que caracterizará su creación literaria para siempre.

Guillén conoció temprano el dolor familiar, cuando en 1917 su padre, un conocido político y periodista liberal, fue asesinado a manos de rivales oficialistas. También, de la entereza de su madre para enfrentar la crianza de sus hijos, prepararlos para la vida y sobrevivir en un mundo plagado de injusticias, más para ellos mulatos y pobres.

Al tiempo que trabaja de tipógrafo en un periódico y realiza tareas de periodista, Guillén comienza a hacer poesía y a publicar en revistas locales, de La Habana y Manzanillo.

A comienzos de la década del ’20 matricula la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana, pero sin suficientes recursos económicos para sostener los estudios y la vida, decide regresar a Camagüey y se dedica de lleno al trabajo en la prensa y sigue creando versos.

Nicolás, con Cristóbal como segundo nombre, pronto sobresaldría por la musicalidad de sus poemas, lo cual posiblemente le viene de la vida cultural de Camagüey, que disfruta desde niño, de su folclor mulato, de sus amigos de la rumbera plazoleta de Bedoya con quienes compartía casi a diario, y de sus ancestros españoles y africanos.

Es expresión auténtica, propia de un país mulato como él mismo, escribieron años después sobre los inicios de la obra de Guillén.

En 1926 se instala en La Habana y en tertulias se codea con intelectuales cubanos de renombre, y conoce a creadores de la talla del español Federico García Lorca y el estadounidense Langston Hughes, quien lo marcaría con su influencia para toda la vida.

Publica los poemarios “Motivos de son” y “Sóngoro cosongo. Poemas mulatos”, dos de sus obras trascendentales.

Pero La Habana, como casi todo el país, es un hervidero de reclamos populares y obreros. Guillén no es ajeno a todo lo político y lo social y a la perenne intromisión del gobierno de Estados Unidos en Cuba.

Pronto sus versos empiezan a reflejar esta situación y muestra de ello es West Indies, Ltd., un poema de claro corte antimperialista.

¡West Indies! Nueces de coco,

tabaco y aguardiente.

Éste es un oscuro pueblo sonriente,

conservador y liberal,

ganadero y azucarero,

donde a veces corre mucho dinero,

pero donde siempre se vive muy mal.

Así se adentra para siempre en la vida política, se hace comunista militante y antifascista y viaja constantemente, ocasiones en que conoce y comparte con los principales exponentes literarios de Latinoamérica, el Caribe y Europa, y después de los países del antiguo campo socialista, África y Asia.

El triunfo de la Revolución cubana en enero de 1959, liderada por Fidel, lo encuentra en el exilio. Pronto regresa a su tierra y se pone a disposición del nuevo Gobierno. Brinda un recital con su poesía al Ejército Rebelde en La Habana. Entre los oyentes se encuentra el guerrillero argentino, el Comandante Guevara, el Che.

Guillén está entre los fundadores en 1961 de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y es su presidente hasta 1985.

Su prolífera y agitada vida, ya desde mucho antes declarado Poeta Nacional de Cuba, se va apagando irremediablemente en 1985 y el 17 de julio fallece, hace ahora 28 años.

El Consejo de Estado de la República de Cuba decretó dos días de duelo nacional en reconocimiento a sus indiscutibles méritos de gran entereza humana, literarios y políticos, y el velatorio se realizó en la base del monumento a José Martí, de la Plaza de la Revolución de igual nombre, allí donde el 18 de octubre de 1967 dedicó un inolvidable poema a su amigo, al Che.

Publicado en CadenaGramonte

Nicolás Guillén: poeta solidario

“España es la experiencia más rica de nuestro tiempo, y asomarse a esa experiencia, participar en ella de algún modo, es tocar de cerca la carne de la Revolución en marcha”. Así valoró Nicolás Guillén la heroica lucha del pueblo español que tuvo lugar entre 1936 y 1939 en defensa de la república contra la sublevación militar falangista apoyada por Hitler y Mussolini.

Quiso el azar que Guillén celebrara en España sus 35 años, en el transcurso del histórico evento que lo llevó a esa tierra: el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, efectuado en la primera quincena de julio de 1937 en ciudades españolas como Barcelona, Valencia y Madrid; y también en París.

En esa cita, que reunió a lo mejor de la intelectualidad mundial para manifestar su apoyo a la causa de los republicanos españoles, la delegación cubana estuvo integrada además por Juan Marinello, al que nombraron jefe de las delegaciones hispanoamericanas, el poeta Félix Pita Rodríguez , el novelista Alejo Carpentier y el escritor Leonardo Fernández Sánchez.

En el documentado y profundo estudio de la vida y obra de nuestro poeta nacional, realizado por Ángel Augier, quien fue su amigo y compartió con él labores políticas, periodísticas y literarias, este califica como determinante en la existencia y el quehacer de Guillén su contacto con la España republicana en lucha contra la versión peninsular del fascismo.

Sobre la trascendencia que ello tuvo en la trayectoria poética del bardo camagüeyano, destacó Augier: “De lo particular negro de Motivos de son, llega a lo general cubano de Sóngoro cosongo, para seguir enseguida a la dimensión antillana de West Indies. Ltd y alcanzar luego la americana de Cantos para soldados y sones para turistas.

“Pero inmediatamente después, cuando aún resonaban los ecos de esta última hazaña continental poética, logra Guillén el pleno sentido universal con España, poema en cuatro angustias y una esperanza, que escribió en mayo de 1937 en México, y que constituye la culminación de una limpia actitud humana y una henchida plenitud lírica”.

Los versos, que ensamblan con singular maestría la posición política revolucionaria del poeta con un alto vuelo poético, reflejan dentro de los más diversos moldes expresivos la tragedia que vivía aquel pueblo. Así lo describe en la Angustia primera: ¡Miradla, a España, rota!/ Y pájaros volando sobre ruinas,/ y el fachismo y su bota,/ y faroles sin luz en las esquinas,/ y los puños en alto,/ y los pechos despiertos,/ y obuses estallando en el asfalto/ sobre caballos ya definitivamente muertos; / y lágrimas marinas,/ saladas, curvas, chocando contra todos los puertos;/ y gritos que se asoman a las bocas/ y a los ojos coléricos, abiertos, bien abiertos/ miradas de metales y rocas.

Y junto al dramatismo de las escenas, la solidaridad del poeta expresada en La voz esperanzada: “Yo,/ hijo de América,/ hijo de ti y de África,/ esclavo ayer de mayorales blancos dueños de látigos coléricos;/ hoy esclavo de rojos yanquis azucareros y voraces;/ yo, chapoteando en la oscura sangre en la que se mojan mis Antillas;/ ahogado en el humo agriverde de los cañaverales: sepultado en el fango de todas las cárceles;/ cercado día y noche por insaciables bayonetas;/ perdido en las florestas ululantes de las islas crucificadas en la cruz del Trópico;/ yo, hijo de América,/ corro hacia ti, muero por ti.

El Congreso comenzó el 4 de julio en la Sala Consistorial (Ayuntamiento) de Valencia, luego pasó a Madrid, retornaron los debates a la primera ciudad y se clausuró en Barcelona el día 10, coincidente con el cumpleaños de Guillén, quien había nacido en esa fecha en 1902. Profunda emoción había causado en los delegados la visita, en medio de las deliberaciones, de combatientes que acababan de vencer en algunos de los frentes.

En el transcurso del encuentro, Guillén se refirió a un tema que era motivo constante de su obra, el negro, en el contexto de las ideas de superioridad racial del fascismo. En otras dos sesiones del Congreso que se efectuaron los días 16 y 17 de julio en París, insistió en el asunto, cuando al abordar lo que significaría en su patria el triunfo de las ideas fascistas, explicó que el negro “forma parte de la mayoría de las clases trabajadoras, esclavizadas, de Cuba y está ligado, por tanto, dolorosamente, a todo el sombrío proceso de aquella sociedad semicolonial saqueada por el imperialismo norteamericano. ¿Cómo no va a sentir en lo más hondo de su tragedia la tragedia del pueblo español? La siente y comparte con el blanco del pueblo los mismos ardores de liberación y lucha que conmueven a todos los hombres del mundo, sin más raza que la humana”.

A través de sus entrevistas y crónicas enviadas al semanario Mediodía, cuyo comité de redacción integró junto con otros intelectuales de izquierda, el poeta dio a conocer sus impresiones de primera mano sobre esa heroica gesta, que fueron reproducidas por numerosas publicaciones del continente.

Mucho más haría Guillén a favor de esa causa. Aquellas vivencias lo marcarían profundamente no solo como creador sino como revolucionario, y una muestra de ello fue que en ese mismo año de 1937 se produjo su ingreso al Partido Comunista.

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